miércoles, 16 de noviembre de 2016

EL TEMPLO DE LAS 3 COLUMNAS




EL TEMPLO DE LAS 3 COLUMNAS

Augusto Casola

Si bien el tema de la masonería fue hartamente debatido, esta novela EL TEMPLO DE LAS 3 COLUMNAS (La leyenda masónica), goza de la originalidad de abordar el tema en forma novelada, lo cual, hasta donde alcanza mi conocimiento, la hace única en su género.
La novela busca desarrollar diversos temas de interés, tanto para quienes pertenecen a la institución  como para los que no, ya que los primeros, podrán descubrir un fresco inopinado del origen de los rituales conocidos, mientras que a los segundos, se les ofrece un libro de aventuras, con cierto discurrir filosófico, dentro del cual se mueven los personajes que afrontan, cada uno de ellos, su destino particular y adquieren, al desarrollarse la leyenda, la fuerza vital que tendrían en el momento de su ocurrencia, acompañando a los participantes de la acción, vueltos seres vivos, en lucha con su destino y el miedo, ese fantasma devorador que paraliza y subyuga y todo gracias a la magia de la masonería, pues la masonería es eso, magia en su más pura manifestación.
Pienso que la masonería, tal como debería ser, ya no existe.  Fue cambiada por un juego de abalorios, hasta adoptar el aspecto que ofrece en nuestros días, una telaraña de grupos excluyentes, poco fraternos, casi enemigos.
Sin embargo, la masonería es incluyente y en ella, todos los iniciados simbólicos tienen los mismos derechos y obligaciones, ya sea como aprendices ya como  Grandes Inspectores de la Orden, porque la superioridad no se encuentra en el mayor o menor grado que ostenten los miembros,  sino en su capacidad de comprensión y adecuación a las ideas que enseña la institución, siendo la conciencia personal de cada uno, el barómetro que identifica el verdadero nivel de iniciación alcanzado.
Dentro de las 434 páginas en que se desarrolla la novela, se distribuyen los cinco actos que van flanqueados por una Obertura y un Final. Ellos son: (1) Los 3 viajes de Iranabí;(2) Los hijos de la viuda; (3) Siete años y más; (4) El templo de las 3 columnas y (5) ¡Nekam! ¡Nekar! La idea fue darle el aspecto de una ópera, donde en cada uno de los actos se relatan, desde el particular punto de vista del autor, las alternativas que condujeron al constructor de templos, a ocupar un papel tan preponderante dentro del cuerpo masónico.
Como la masonería, en esencia, es la búsqueda del despertar de la conciencia, no debe extrañar que el objetivo principal de ella, sea la toma de conciencia de la propia maldad y asumirla sin artilugios, pero ante todo, es preciso establecer cuán dispuesto se está en avanzar por el sendero que conduce al descubrimiento de la verdad, porque ella, en todos los casos, es desagradable para quien la va develando, no porque descubra la realidad de los hechos, sino porque se descubre a sí mismo.
Pero como dije más arriba, la masonería es magia y a participar de esa magia es que invito a los lectores el próximo martes 6 de diciembre, a partir de las 19:45, en la Biblioteca Nacional, sito en De la Residenta c/Perú. S:.F:.U:.




Revista ESTUDIOS No.2, segunda etapa





COMENTARIOS

SHIRLEY VILLALBA, MISTIFICADORA DE LA PALABRA

          
Augusto Casola


No sé si es legítimo leer poesía y darle enfoque crítico, pues ella proviene de la exaltación emocional encendida por una sucesión de circunstancias inconscientes que culminan en el clímax indispensable de su nacimiento, siempre traumático y no siempre feliz. El resultado es la suma de los factores intrínsecos  que conforman la personalidad del poeta, su talento, su iluminación o su nous.
Una poesía, lo mismo que un cuadro o una escultura, impacta con diferente intensidad, según sea la comunión establecida entre el creador y el observador; es una relación subjetiva, espontánea, casi religiosa, donde el sentimiento, presente durante la elaboración de la obra artística se expone, ante un otro desconocido, como alegoría ya develada de su simbolismo y se apodera, se garra con “sus uñas escasas, sus palmas duras” de lo incierto, para hacerse carne y vida con el otro que, por esos extraños misterios rituales, se integra a la identidad de la obra y pasa a formar parte de ella.
Al actuar de crítico, uno suele volverse renuente a la contemplación simple y pura de la belleza y al pretender ser objetivo y consecuente, actúa de un modo inopinado y se extravía con frecuencia, de manera inmisericorde, en una erudición pretenciosa que esconde o, al menos, disimula la incapacidad del comentarista por penetrar las entrañas de la poesía.
·         
La obra poética de Shirley Villalba, es un juego de luces que combina la feracidad de su palabra – a través de la cual busca interpretar la conciencia oscura de su universo particular -, convirtiéndola en un secreto argumento que, a través de ella, el hierofante, impulsa a lo inexistente, a existir.
En Penumbra hembra, la autora parece querer comunicarse  consigo misma y, para ello, voluntaria o involuntariamente, recurre a la metáfora cuando dice: Estoy aquí/contemplando a una hormiga/ (…) cargando con el tiempo/ en forma de migas. O bien cuando destaca en Lluvia, los sentimientos que la envuelven en una fina capa de melancolía: Es esta una lluvia empapada de sequía/ lluvia de tristezas escondidas/con goteras de algunas alegrías.
   Avanza con pasos cuidadosos al encuentro de cada palabra, no porque las tema, al contrario, en general se muestra desafiante ante ella, dueña de esa altanería propia del aprendiz consciente de su valer, conocedor del potencial guardado en su alma, pero todavía preso de cierto pudor que lo retrotrae ante la posibilidad de develar una sensualidad imprudente, temeroso de enfrentar la penumbra hembra de aire y piedra/ que suena su inocencia; de flor y tierra/que sopla su tristeza; de fuego y fiera/ ahogadas en su esencia; de agua y niebla/ que sangra su mirada.     
Pero esa timidez no elude la fuerza de la palabra ni esconde el dolor que como mujer, siente cuando observa cómo

Besada de infierno
ella amamanta la silicona
de su pecho
con la rutina callejera
de los cuerpos
y sus tacos aplanados
de inciertos
la llevan cada noche
a echarse otro paseo.

Es un poema duro y sin concesiones éste que escapa de la pluma de Shirley Villalba con la misma facilidad con que lo hacen estos otros, en los cuales la autora expresa su disconformidad con relación a la incertidumbre, al anhelo insatisfecho por llenar los vacíos que enciende la duda, los celos y los celos, la poesía.

Hay, siempre hay
cosas debajo de la piel.

Hay secretos de una noche,
otros de una vida.

Hay mentiras por mentir
y verdades por negar.

Hay y mucho más,
si sueñas y puedes despertar.

            Pero estamos en el año 2005 y es el primer libro que reúne los poemas de la poetisa. Es el inicio, es la pubertad del verso que hace presumir el futuro. Pasa el tiempo y con él, la escultura de vida que en cada uno se cincela, espera su momento de presentarse ante el mundo con la fuerza de su desnudez, liberada de prejuicios, consciente de la madurez que le autoriza a eliminar abrojos y lanzarse, ya segura de sí misma, segura de su fuerza y su sensualidad, a la despiadada arena donde ha de lidiar con la furia y la indiferencia, con la realidad inerte de un mundo sin emociones, donde ha de, en fin, enfrentarse al monstruo devorador de la historia.
·         
            De ese recorrido, de esa voluntad que triunfa sobre la materia y el tiempo, de allí nace el segundo libro de Shirley Villalba, ya en el 2015, bien definido, concreto y contundente en su expresión, en lucha contra lo que sea. Así nos entrega Animal marcado.
            Inicia el poemario con un largo preludio que va del capítulo titulado Abreviaciones del sueño. Aforismos y reflejos hasta Semblantes y siluetas. Ficciones breves, en los cuales desarrolla una serie de aforismos y sentencias que, técnicamente no pueden ser considerados como poemas, aunque sin perder, por ello, el carácter substancial de la poesía, donde ensaya algunos retruécanos felices, sin la plenitud que logra en los capítulos Sobre la carne es el tiempo. Poemas que gotean y La nada haciendo formas de fuego. Poemas que llegan cantando.
            Mi fascinación hacia la poesía de la autora comenzó hace unos años, cuando me topeté, no recuerdo dónde, con este poema que titula Aguacero de luna:

cuando sus manos mojan mi sombra
la humedad me traspasa
 escribe en mi sangre
un camino de luz
que se hace noche en mis venas
y me bautizo por fuera
y me baño por dentro
y me aguacero de luna

que se refuerza ahora con éste otro Sabiduría de cántaro asentado en el libro:

Arcillo mi sed
y me desnudo de agua
y me refresco de luz
y me sediento de bocas
y me bebo.

y con el mismo estilo exclama en Encuentro:

enlábiame tu rostro en la boca
y deja que tu lengua me vea
y núblame la piel con tus besos
y encuéntrate conmigo
en mi sombra.

            En este su segundo poemario, la autora se desprende de timideces y vuela decidida a cruzar el mundo abierto a la metáfora, recurre a neologismos, elabora su condición de mujer en un erotismo apenas manifiesto a través de los poemas citados más arriba que, repentinamente adquieren audacia  cuando dice: por eso apriétame de nuevo/contra tu noche/y mójame de bocas/ y abandóname en la sal de tu sexo /(…)/que soñar después de ti es poca cosa o cuando medita en La habitación: anoche pudo ser cualquier noche, pero fue tu noche,/(…)/y llegaste así/ y también yo llegue/ y nos llegamos…/ será por eso ¿qué todavía nos hemos ido?
            A partir de Repujar la noche que sueña la herida. Poemas y viñetas, hasta Animal marcado. Ecos e intuiciones, juega con un lenguaje metafórico donde el erotismo no es extraño pero va recubierto tras un denso velo de palabras y juego de palabras, que sin duda, la autora maneja muy bien y con mucha mesura, como lo comprueba el penúltimo poema del libro Palabras de un perro que pareciera resumir el conjunto de la obra de Shirley Villalba que, con este poemario, alcanza un nuevo y muy elevado nivel dentro de su breve producción poética conocida hasta ahora.

y de tanto correr me alcanzo
(…)
me husmeo
me huelo
(…)
y me desconozco tanto
¡tanto!
¿quién soy?, me pregunto
(…)
entonces
yo me atrapo
me acolmillo
y me muerdo una soga al cuello

y me llevo a casa como un perro


            Para concluir, quisiera destacar la muy cuidada edición de los dos poemarios de Shirley Villalba, al cuidado de Arandurã Editorial, lo que parecería pueril, si no fuera porque muchas veces nos encontramos con ediciones donde tras una hermosa fachada, se esconden errores groseros. En cambio, estos dos poemarios, se pueden disfrutar a plenitud, tanto por su contenido como por su parte formal.





MERIDIONAL Revista Chilena de Estudios Latinoamericanos
Número 6, abril 2016, 67-87

Después de la larga noche: narrativa paraguaya contemporánea

Daniel Noemi Voionmaa
Northeastern University, Estados Unidos
d.noemivoinmaa@neu.edu


Un modo muy diferente de hablar de la dictadura es el que nos presenta Segundo horror (2001), de Augusto Casola. Una novela compleja, donde, como advierte el prologuista, “se ha ido creando el relato a través de pensamientos aparentemente sin hilar” y su final es “algo nihilista y absurdo” (9). En efecto, al final notamos que todo el texto fue (o pudo haber sido) escrito por Rolando o Rolo, el niño que aparece constantemente en el relato de la historia de esta familia y de una revolución fracasada. El pasatiempo exclusivo del Rolo niño es jugar con las hormigas en el jardín.

Ahora, su juego no es inocente: “Más tarde comenzó Rolo la persecución despiadada que desembocó en prisiones atiborradas, muertos, heridos y desaparecidos, lo que dio paso al terror” (20); o más adelante, al hallar un pedazo de carne con cientos de hormigas: “las roció con alcohol de quemar y les prendió fuego (…) hasta acabar transformadas en pequeñas carbonillas” (155). El narrador continúa en el párrafo siguiente: “Después de hacerlo se sentía más tranquilo. Las cárceles estaban repletas, con prisioneros que soportaban una vida de tormentos, de luchas sin sentido, obligadas a desplazarse sobre los cuerpos sin vida de sus compañeras. Fue la peor época, porque nadie se sentía seguro y entrar a las prisiones significaba la muerte” (155). ¿Se está hablando de las hormigas a las que Rolo gusta torturar? Se hace evidente que las hormigas son algo más que las hormigas; que Rolando representa a otro, que el sufrimiento de los insectos es el que viven los habitantes de la “ciudad subterránea” de la que se apoderó “un terror sordo y paralizante”. En este mundo, como en el otro, en el de los humanos, hay algo superior al primer horror que es la muerte: “(…) mi segundo horror y tal vez el más poderoso, es el miedo a seguir viviendo” (130). Así, en su buscada polifonía y a ratos confusa narración, Segundo horror reflexiona sobre la brutal violencia que ha vivido el país y los intentos de devolverle a la vida su plenitud. La metáfora de las hormigas, no por su obviedad sino gracias a ella, le otorga una terrible fuerza al relato y nos obliga a reconocer que en esa infancia (también
metaforizada) se hallan las raíces del horror presente.


***


Ritualidad  y libertad poética

Lourdes Talavera


“A vos”, se llama el libro de poemas de Augusto Casola cuyas motivaciones, en palabras del poeta, son: la idea de mujer que comparte con el hombre,  sueños, tristezas, y a veces hasta su desvaríos como asimismo celebrar los cuarenta años de la publicación de su primer poemario “27 silencios”,  que reveló sus sentimientos y emociones que fueron madurando y evolucionando en el trascurrir del tiempo.

Estudiosos de la literatura paraguaya, como Vicente Peiró Barco y Rudy Torga aluden a Casola como un poeta existencialista. El existencialismo como corriente literaria se fundamenta en el existencialismo filosófico cuyos principales referentes son Jean Paul Sartre y Albert Camus. Sartre sostiene el dualismo del ser, donde la apariencia y la esencia no son necesariamente proyección una de la otra sino que están fusionadas en el ser. Por otro lado, Camus expresa que el absurdo de la desubicación que siente el hombre en el mundo es debido a las situaciones desagradables que le toca experimentar. La temporalidad angustia al hombre porque lo ubica en el momento donde tiene que reconocer que pertenece al tiempo, y a través del horror que se apodera de él, lo reconoce como su enemigo. Para Sartre, la temporalidad se relaciona al “otro”.

La tristeza, la angustia, la soledad, el vacío, la orfandad y el desarraigo son elementos que caracterizan a esta corriente y el poeta deja que la esencia se devele por medio de su lirica en su búsqueda de libertad y reconocimiento propio. El poemario de Casola nos ofrece en cinco apartados sus poemas que más allá de su factura formal son un recuento de la vida, celebran el amor o el erotismo y de alguna manera son también una proclama libertaria, ante el absurdo de la muerte, reivindicando el instante del placer y la comunión humana.

Los ejes temáticos del poemario son el instante, el deseo, la mujer, el amor y la soledad, de ellos, se desprenden distintos episodios particulares. A lo largo del poemario puede encontrarse una oscilación entre el rapto extático y el desengaño amoroso. Se alternan distintos planos temporales y espaciales. También, un enjambre de dualidades, que busca reconciliarse: soledad-comunión, simetría-dispersión, amor -lujuria, instante-eternidad, norma-rebeldía, quietud-movimiento, reflexión-desvarío, razón-instinto, vigilia-ensueño. Pese a sus tonos ocasionales de angustia, tiene una vitalidad contagiosa que, frente al horror, el absurdo y el vacío que implica la finitud, erige los bálsamos de la poesía y el amor.

Todas las edades del mundo y todas las vivencias individuales se aglutinan en un instante de comunión humana. El poemario es un buceo en la soledad que vivimos, pero también involucra una invocación al amor, a la fusión entre los amantes y a la trascendencia cósmica del acoplamiento entre dos cuerpos que reproducen, en su enlace, el ritmo que gobierna el universo.  Frente a la caducidad de la fecha concreta, se erige la perpetuidad del acto amoroso.
“A vos”, el poemario de Casola constituye la inmersión del individuo contemporáneo en la angustia de la soledad, y apuesta por el desafío a las convenciones, el amor y hasta la lujuria. La poesía y el amor son perturbadores, porque desubican al lenguaje y al sexo de su función práctica y los tornan, a la vez, gratuitos y trascendentes; pero, sobre todo, porque cambian el sentido del tiempo.  Tornarse atemporal y reivindicar el ritual de la poesía y el éxtasis del placer  se transforman en un acto de libertad poética.



sábado, 3 de enero de 2015

PREMIO MUNICIPAL 2014

PALABRAS DE AUGUSTO CASOLA CON MOTIVO DE RECIBIR EL
PREMIO MUNICIPAL DE LITERATURA 2014

           Un premio literario no es consagratorio ni establece jerarquías. No pasa de ser el pestañeo de una luciérnaga y su duración apenas alcanza al de aquel. El reconocimiento de la obra de arte es casi siempre posterior a la vida física del artista y la transcendencia del escritor no constituye una excepción, aunque existen circunstancias fortuitas que promocionan a autores menos que mediocres sea por el mercadeo internacional o el apoyo de instituciones que recurren a los mismos esquemas  que,  de labios para afuera, muchos de sus miembros manifiestan rechazar, para luego sumarse  al oportunismo y el acomodo.
Sin embargo, pese  a corresponder a la utopía rousseauniana, yo también pienso que todavía existen “hombres antiguos en los tiempos modernos”, que cultivan el amor a la patria, integridad moral y la pasión por la libertad, personas que  no destruyeron todavía los lazos  de solidaridad ni desarrollaron el desmesurado afán de enriquecimiento.[1]
La intención de “Café con leche con pan y manteca” fue rendir homenaje a los 40 años de la edición de mi primera novela, “El laberinto”, en 1972,  con la cual di el primer paso en lo que después se transformó en una carrera que cuenta con 16 títulos publicados al presente y  abarca la narrativa, el ensayo y la poesía.
Me satisface que Café con leche haya sido galardonada. Me satisface porque el premio recae en una novela que, en mi opinión, es el resultado de la madurez del escritor y me satisface porque muchas veces es más fácil acceder a un premio cuando no se conoce el nombre del autor que cuando se lo conoce y me satisface el hecho de quedar unido, a través de él,  al nombre de ese gran escritor y gran señor que fue Rubén Bareiro Saguier, a quien va dedicado este Premio Municipal de Literatura 2014.
Ojalá que este Premio Municipal de Literatura,  el segundo en importancia en nuestro país, alcance mayor relevancia y afecte más de cerca a quienes, circunstancialmente, corresponda administrarlo, ya  que ondear la bandera del crecimiento cultural, puede ser una plataforma novedosa con que captar el interés de un importante grupo ciudadano, ansioso por encontrar el ambiente propicio donde exponer sus puntos de vista, con el recurso de parámetros inusuales y desacostumbrados.





























[1] Estudio preliminar a El contrato social, por María José Villaverde. Altaya. Barcelona. 1993

domingo, 5 de octubre de 2014

HAIKUS Y XOHAIKUS




16
olvidó correr                          
su cortina de nubes               
la aurora triste                       

Sinonomeno soranitanabiku atukikumo
東雲の 空にたなびく 厚き雲

18
duerme la luna                       
vestida de novia                    
la noche entera          

Yowotooshi sizukaniterasu siroituki
夜を通し 静かに照らす 白い月 

22
las leves garzas                                             
manchan de blancas plumas           
el verde estero                                                          

Sirasasgino hanemokiwadatu ryokusicchi
白鷺の 羽も際立つ 緑湿地

32
canta el viento                                   
su soledad ardiente               
cuando el estío                      

Natuzakari tatazumitekiku kazenooto
夏盛り 佇みて聞く 風の音

48
llora el otoño                         
un responso a las hojas          
de la calzada

Akinohino rakuyoufumiyuku yuubekana
秋の日の 落葉踏み行く 夕べかな

72
llora el jazmín      
su adiós a diciembre   
con níveas lágrimas   

Jasuminno hanagachiriyuku siwasukana
ジャスミンの 花が散りゆく 師走かな




84
despertaron hoy                    
trémulas de aurora     
las flores de trébol                 

Gyoukouno nakadesakizome kuroobaa
暁光の 中で咲き初め クローバー

85
fecunda el polen                      
la corola ansiosa                    
de primavera

Hanabanano inochihagukumu hananosin
花々の 命育む 花の芯







En Encarnación con los traductores(arriba).
Con mi presentadora yukiko Yamamoto y otros autores.ñadir leyenda

miércoles, 6 de marzo de 2013

LA PRINCESA



        
      Al cerrar tras de sí la enorme puerta de nogal, le acaricia el rostro la brisa  fresca que fluye del paisaje del bosque cautivo en el marco del cuadro y llega hasta sus oídos el gorgoteo incesante del arroyo al correr por el cauce donde acaba la pendiente del valle, alfombrada de florecillas multicolores sobre las que ondulan mariposas en torbellinos de luz.
      Contempló su habitación iluminada por el sol. La luz amortiguada cruza el denso cortinaje del amplio ventanal de molduras trabajadas hasta en sus mínimos detalles por las manos hábiles de los artesanos del reino.
      La Princesa percibe el halo de felicidad de ese mundo donde la metamorfosis creada por ella, da origen al  universo brillante y satisfecho que la rodea y al que alienta con los efluvios de su corazón, creando la incertidumbre extraña de sonido y luz que despierta a la vida a los juguetes, dispersos en desordenado contraste, dentro del ambiente mágico del recinto.
      Ante su presencia de hechicera, tras un breve temblor,  los pequeños seres vuelven a alentar  y se integran al reverbero  vegetal del horizonte, absorto en el tenue navegar de sus nubes.
      Los soldados de plomo desfilan en ordenada sucesión de columnas elegantes. 
      Los tamborileros enloquecen en su felicidad de latón, golpeando en frenético y descompasado ritmo los instrumentos que sostienen en  la  cintura con gruesos cinturones negros que destacan el rojo vivaz de los uniformes.
      Las muñecas, coquetas y frívolas, sentadas en un rincón, vuelven a tomar el hilo de antiguas conversaciones interrumpidas y  el saltimbanqui, todo rojo, verde y oro, evoluciona en temerarias acrobacias creando una red de  arco iris policromos al cruzar el espacio en arriesgada sucesión de pies y manos que van y vienen, cortando, con un silbido, el aire fresco y puro que brota del paisaje del cuadro  ubicado en una de las paredes de la habitación.
      De allí se extiende y cobra vida hacia el bosque pintado, el tornasol de arreboles que huye de un poniente absorto. Los árboles liberan el susurro del viento adherido a sus hojas al sobresaltarse a causa del canturreo del arroyo que se desliza y acaricia los vértices gastados de las rocas y el cantizal del fondo de su lecho.
      Es gracias a ella que el cuarto se amalgama a la magia de ese alucinante calidoscopio de colores, risas y sonidos, para crear el tiempo misterioso de vivir a través de la Princesa.
       Claro que sus padres, el Rey y la Reina, no imaginan la fantástica cosmogonía de esa galaxia secreta. La fascinación acaba ni bien algún extraño accede al recinto, que recupera de inmediato su aspecto deslucido y anodino de realidad. Los profanos ven un dormitorio infantil desordenado y un cuadro desteñido y cursi colgado de la pared.  
      Las otras habitaciones del palacio siempre despertaron miedo en la Princesa. Salones desleídos que parecen esconder la amenaza de extraños sortilegios, desdoblan en una ansiedad opresiva que la hace temblar de pies a cabeza cada vez que cruza frente a sus puertas cerradas.
      La Princesa prestó atención al golpeteo de cascos proveniente de la avenida y supo reconocer el de los caballos blancos, enjaezados en plata, ungidos a la carroza por un rico juego de correaje de cuero resplandeciente, la parafernalia adecuada para los coches destinados a transportar a los príncipes y princesas del reino.
      El traqueteo de las ruedas sobre el pavimento cesó cuando el vehículo se detuvo frente al portón del castillo y fue reemplazado por el taconeo de los botines de la Reina que resonaron urgentes dentro del silencioso corredor que conduce al aposento de la Princesa.
     Sonrió a sus amigos que uno tras otro volvieron a adoptar la máscara de juguetes comunes. Los colores fulgentes del cuadrito se replegaron hasta adquirir el tono opaco que se ofreció a los ojos de la Reina cuando abrió la puerta y tomó una mano de la niña. 
     Atravesaron el largo corredor de paredes oscuras que resudan su humedad añosa de dolor y lágrimas.
      A la entrada del castillo se accede luego de recorrer un extenso sendero - flanqueado de rosales multicolores en constante floración - que va a desembocar ante el enorme portón de hierro labrado. Allí está el carruaje, cuyo delicado diseño causó en la Princesa, como siempre que lo veía, una inexplicable sensación de placer.
      Ella misma no podría asegurar si la impresión era originada por las ruedas con engarces de piedras preciosas, por la nívea blancura de los asientos o por la espléndida sonrisa del joven paje que hace  de conductor y  de quien se sabe  secretamente enamorada.
      El la saludó con una breve pero elocuente inclinación del torso, quitándose el sombrero de plumas con el que tocaba siempre su cabeza rubia.
      Los caballos blancos, empenachados, a duras penas contenían su fogosa inquietud de caminos mientras esperaban entre relinchos y resoplidos golpeando, en breves saltos, sus cascos contra el pavimento, marcando un ritmo que recordaba al de  los alegres bailarines de mazurkas y polkas de las fiestas que eran frecuentes en los salones del Rey.
      Los otros príncipes, los que subieron a lo largo del trayecto, la llamaban a gritos, riendo entre sí y haciendo morisquetas para urgirla a acompañarlos. Ellos también iban cubiertos de esplendorosos vestidos de ricas telas coloridas, el atuendo adecuado a los príncipes y princesas de su edad.
      Giró hacia la Reina que inclinó el altivo porte para recibir un beso y luego, corriendo, la niña se dirigió al carruaje, donde la algarabía crecía por momentos.
      Su madre no pudo evitar el secarse de la mejilla la humedad de la saliva depositada con el beso y lo hizo, como de costumbre, aprovechando la distracción de la Princesa que subía a la carroza.
      Al tiempo que el paje restallaba el látigo sobre las cabezas de los corceles de blancas crines, ricamente adornadas, la Princesa volvió hacia la Reina su rostro, sonriente y mongólico y el viejo ómnibus arrancó, rumbo a la escuela de niños especiales.